Respecto a la forma como se determina dónde hay mayor riesgo (en el Cerrejón o en Puerto Libertador), Quintana apunta que este es medido por la estructura de las células de los trabajadores. Se sacan muestras de sangre, se cultivan, se analizan, y si hay micronúcleos (cromosomas o ADN roto) significa que hubo daños. Entre más micronúcleos hay, el daño es mayor. En este caso el daño se traduce en el riesgo para contraer una enfermedad pulmonar o un cáncer.
Quintana ha encontrado en la investigación científica todo un compendio de descubrimientos que hoy han marcado la diferencia en la región y el mundo. El genetista cuenta que su grupo de trabajo de la Universidad del Sinú acaba de firmar un convenio con Brasil para estudiar una planta medicinal, eliminar su toxicidad y crear un medicamento. Avalado por la universidad y por Colciencias, ad portas de traer nuevos descubrimientos a su natal Montería, Quintana sigue adelante.
Aunque pareciera mentira que desde una pequeña comarca sabanera como Montería se gestaran este tipo de descubrimientos, lo cierto es que hace falta mayor reconocimiento a los avances científicos que aquí se generan.
Hoy el doctor Quintana y sus compañeros de investigación siguen abanderando proyectos científicos de gran magnitud. Los jóvenes que están en las filas universitarias esperando obtener un título que les permita certificar sus conocimientos científicos reciben no sólo la enseñanza de estos investigadores sino también, en la mayoría de ocasiones, un status a nivel de investigación que muchas veces es reconocido en otros países y no en Colombia.
La ciencia, que no pareciera ser un atributo del cordobés, ya empezó a tomar forma y pese a que no hay demasiados laboratorios (escasamente las universidades tienen infraestructura para ello), se convirtió en una búsqueda constante a la que hoy se le está apuntando en la región.
El doctor Quintana asegura que los aportes de su equipo de investigación recorren Latinoamérica, Europa y diferentes países captando los elogios de los gurús del tema, pero también reconoce que a diario, entre probetas, microscopios y uno que otro virus, el dilema no deja de estar presente por el temor al fracaso, a la falta de reconocimiento y de suficientes oportunidades.
Si bien la Universidad del Sinú es hoy el claustro donde los investigadores además de crear, transmiten conocimientos, es necesario que haya otros espacios acondicionados para que se generen más aportes de Montería a la ciencia mundial. |